AVÍO DEL ALMA

domingo, 8 de marzo de 2015

LA CERCA Y LOS CLAVOS


LA CERCA Y LOS CLAVOS



Había una vez un niño que tenía muy mal carácter. 

Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debía clavar un clavo en la cerca que había atrás de la casa.


El primer día el niño había clavado 37 clavos en esa cerca.

Al paso de las siguientes semanas, mientras aprendía a controlarse, el número de clavos puestos en la cerca empezó a aminorar cada día. El niño descubrió que era más fácil controlar su temperamento que estar poniendo clavos en la cerca.

Finalmente llegó el día en que el niño pudo dominarse y ya no perdió el control. Vino y se lo dijo a su padre y éste le indicó al niño que ahora sacara un clavo por cada día que pudiera controlar su carácter y no enojarse.

Los días pasaron y el niño pudo al fin terminar de sacar los clavos, y fue y dijo a su padre que ya había sacado todos los clavos que anteriormente había clavado en la cerca.

El padre tomó al niño de la mano y, llevándolo junto a la cerca, le dijo:


-      “Lo has hecho muy bien, hijo mío, pero mira todos esos agujeros que quedaron en la cerca. La cerca ya nunca será la misma de antes.”


REFLEXIÓN



Cuando ofendes de palabra, o haces o dices cosas con bronca e ira, esas palabras dejan una cicatriz en el otro como esos agujeros en la cerca.

Es como clavar un cuchillo a alguien. Aunque lo vuelvas a sacar, la herida ya quedó hecha.

No importa cuántas veces pidas disculpas y digas que lo lamentas; la herida va a permanecer allí.


Y recuerda que, “una herida verbal” afecta tanto como una herida física.

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