AVÍO DEL ALMA

jueves, 17 de septiembre de 2015

EL HOMBRE VELA


El hombre vela



         Había una vez un hombre llamado «vela», que cansado de las tinieblas que rodeaban su existencia, se quiso abrir a la luz. Y esa era su ansia, su deseo, su ambición: recibir luz.

       
Un día «La Luz Verdadera que ilumina a todo hombre», llegó con su presencia contagiosa y lo iluminó, lo encendió. Y vela se sintió feliz por haber recibido la luz que vence las tinieblas y le da seguridad a los corazones.

        Muy pronto se dio cuenta de que haber recibido la luz constituía no solo una alegría, sino también una fuerte exigencia. Si, tomó conciencia de que, para que la luz perdurara en él, tenía que alimentarla desde el interior, a través de un diario derretirse, de un permanente consumirse. Entonces, su alegría cobró una dimensión más profunda, pues entendió que su misión era consumirse al servicio de la luz y aceptó con fuerte conciencia su nueva vocación.


        A ratos pensaba que hubiera sido más cómodo no haber recibido la luz, pues en vez de un diario derretirse, su vida hubiera sido un estar ahí, tranquilamente. Hasta tuvo la tentación de no alimentar más la llama, de dejar morir la luz, para no sentirse tan molesto.

        También se dio cuenta de que en el mundo existen muchas corrientes de aire que buscan apagar la luz. Y a la exigencia, que había aceptado, de alimentar la luz desde el interior se unió la llamada más fuerte a defender la luz de ciertas corrientes que circulan por el mundo.
       
Más aún: su luz le permitió mirar más fácilmente a su alrededor y alcanzó a darse cuenta de que existen muchas velas apagadas: unas, porque nunca habían tenido la oportunidad de recibir la luz; otras, por miedo a derretirse; las demás, porque no pudieron defenderse de algunas corrientes de aire.

        Y se preguntó muy preocupado: - « ¿Podré yo encender otras velas? ». Y pensando, descubrió también su vocación de apóstol de la luz. Entonces se dedicó a encender velas, de todas las características, tamaños y edades, para que hubiera mucha luz en el mundo.

        Cada día crecía su alegría y su esperanza, porque en su diario consumirse, encontraba velas de todas partes: velas viejas, velas de hombres, velas de mujeres, velas jóvenes, velas recién nacidas y, todas, bien encendidas. 


        Cuando presentía que se acercaba el final, porque se había consumido totalmente al servicio de la luz, identificándose con eso, dijo con voz muy fuerte y con profunda expresión de satisfacción en su rostro: - «¡Cristo está vivo en mí!».

  
                      Para la reflexión personal 


1. - ¿Me quiero abrir yo a La Luz?

2. - ¿Qué pasos concretos doy para acercarme a la Llama de Jesús, «La Luz Verdadera que ilumina a todo hombre»?

3. - ¿Cómo alimento mi luz «desde el interior» para que «mi continuo derretirme» sea gozoso?

4. - ¿Cuáles son las «tentaciones» que me llevan a no querer alimentar más la llama, para dejar morir la luz?

5. - ¿Cuáles son «las corrientes externas de aire» que buscan apagar mi luz? ¿Cómo defiendo esa luz?

6. - ¿Mi luz me permite darme cuenta que hay muchas «velas apagadas» a mi alrededor?

7. - ¿He descubierto que puedo y debo ser «Apóstol de la Luz»?

8. - ¿Qué aspectos de tu vida te dicen que eres luz para otros?

9. - ¿Cuáles son los aspectos de tu vida más oscuros?

10. - El análisis de tu vida familiar y grupal: ¿Da como resultado luz o tinieblas? ¿Por qué?


2 comentarios:

  1. Muy buenas reflexiones para compartirlas en www.lalampara.com.ar les invito a pasar por mi web

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