AVÍO DEL ALMA

jueves, 14 de mayo de 2020

LA HISTORIA DE TOMMY


     
LA HISTORIA DE TOMMY


John Powell, un profesor de Loyola University en Chicago, escribe sobre un estudiante de su clase de La Teología de la Fe llamado Tommy.

Hace unos doce años atrás, yo estaba de pie observando a mis estudiantes de la universidad mientras entraban al salón para nuestra primera sesión de Teología de la Fe. Ese fue el primer día que vi a Tommy. Mis ojos y mi mente parpadearon. Tommy estaba peinando su larga cabellera rubia, que caía seis pulgadas por debajo de sus hombros. Era la primera vez que veía a un joven con una cabellera tan larga. Me imagino que era lo que estaba de moda en ese tiempo.

Yo sé que no es lo que está sobre la cabeza lo que cuenta, sino lo que está adentro; pero como ese día no estaba preparado para ello, mis emociones se alteraron y de inmediato catalogué a Tommy bajo la “E” de extraño… muy extraño. Tommy resultó ser el “ateo de la clase” en mi curso de Teología de la Fe. Él objetaba constantemente, sonriendo sarcásticamente, o quejándose por medio de un suspiro o gemido sobre la posibilidad de un Dios/Padre que nos ama incondicionalmente. Así y todo, vivimos en una paz relativa por un semestre, aunque tengo que admitir que a veces sí llegaba a molestarme.

Cuando al terminar el curso vino a entregar su examen final, me preguntó en un tono algo cínico:

- “¿Cree usted que alguna vez encontraré a Dios?”

Inmediatamente decidí usar un poquito de la técnica de la terapia de shock.

- “¡No!”, le dije muy enfáticamente.

- “¿Por qué no?”, me respondió, “yo creía que ése era el producto que usted estaba vendiendo.”

Dejé que estuviese a unos cinco pasos de la puerta del salón y alcé mi voz para decirle:

- “¡Tommy! Creo que tú nunca encontrarás a Dios… pero estoy absolutamente seguro de que Él te encontrará a ti.”

Él se encogió de hombros y salió de mi clase y de mi vida. Yo me quedé algo frustrado por el hecho de que no había captado mi ingeniosa observación: “¡Él te encontrará a ti!”, por lo menos yo pensaba que había sido ingeniosa.

Un tiempo después me enteré que Tommy se había graduado y me dio el debido gusto. Más adelante me llegó una triste noticia, supe que Tommy padecía de un cáncer terminal.

Antes de que yo pudiera salir a buscarlo, él vino a verme. Cuando entró en mi oficina lucía demacrado y su larga cabellera había desaparecido debido a la quimioterapia. Pero sus ojos brillaban y su voz tenía la misma firmeza que tenía antes.

- “Tommy, he pensado mucho en ti… oí que estás enfermo”, le dije en un tono casual.

- “Oh, sí, muy enfermo”, me respondió, “tengo cáncer en ambos pulmones. Es cuestión de semanas.”

- “Tom, ¿puedes hablar sobre eso?”, le pregunté.

- “Por supuesto, ¿que quiere saber?”, me contestó.

- “¿Qué se siente tener solo 24 años y estar muriendo?”, le dije.

- “Bueno, podría ser peor.”

- “¿Peor, cómo qué?”

- “Bueno, como llegar a los cincuenta años sin tener valores o ideales; o llegar a los cincuenta creyendo que beber, seducir mujeres y hacer dinero son ‘lo máximo’ de la vida.”

(Empecé a buscar en mi archivo mental donde años antes había clasificado a Tommy bajo la “E” de extraño… Parece ser como si a todo aquel que yo rechazara mediante mi propia calificación, Dios lo devolviera a mi vida para que me educara.)

- “Pero por lo que en realidad vine a verlo es por algo que usted me dijo el último día de clases.” (¡Se acordó!

Él continuó diciendo:

- “Yo le pregunté si usted creía que yo llegaría alguna vez a encontrar a Dios. Usted me dijo que ¡No!, cosa que me sorprendió mucho. Entonces usted dijo: ‘Pero Él te encontrará a ti’. Estuve pensando mucho en eso, aunque no se puede decir que mi búsqueda era muy intensa en aquel entonces.” (Mi ingeniosa observación… ¡había pensado mucho en ella!) “Pero cuando los doctores removieron el tumor que tenía en la ingle y me dijeron que era maligno, ahí fue que empecé a buscar seriamente a Dios. Y cuando el cáncer se regó a mis órganos vitales, de verás que empecé a golpear fuertemente con mis puños las puertas del Cielo… pero Dios no salió. De hecho, no pasó nada.

Y prosiguió: - ¿Alguna vez ha tratado de hacer algo con mucho esfuerzo sin obtener ningún resultado? Uno se harta psicológicamente, se aburre de tratar y tratar y tratar… y eventualmente, uno deja de tratar. Bueno, pues un día me desperté y en lugar de estar lanzando mis reclamos inútiles por encima de ese muro de ladrillos a un Dios que posiblemente no estuviera ahí, me rendí… Decidí que en realidad no me importaba Dios, ni una vida después de la muerte, ni nada que se le pareciera. Decidí pasar el tiempo que me quedara haciendo algo más provechoso.

Pensé en usted y en su clase y recordé otra cosa que usted nos había dicho: ‘La mayor tristeza es pasarse la vida sin amar. Pero sería igualmente triste pasar por la vida e irse sin nunca haberle dicho a los que uno ama que los ama’. Así que empecé por el más difícil, mi padre. Él estaba leyendo el periódico cuando me le acerqué.

“Papá”

“¿Qué?”, preguntó sin quitar sus ojos del periódico.

“Papá, quisiera hablar contigo.”

“Bueno, habla.”

“Papá… es algo verdaderamente importante.”

Bajó el periódico lentamente.

“¿De qué se trata?”

“Papá, yo te amo. Sólo quería que lo supieras.”

(Tom me sonrió mientras me contaba con satisfacción, como si sintiera un gozo, cálido y secreto, que fluía a través de su interior..)

- “El periódico se cayó de sus manos. Entonces mi padre hizo dos cosas que no recuerdo que hubiese hecho antes. Él lloró y me abrazó. Estuvimos hablando toda la noche, aunque él tenía que ir a trabajar al día siguiente. Me sentí tan bien de estar cerca de mi padre, de ver sus lágrimas, de sentir su abrazo y de oírle decir que me amaba. Fue más fácil con mi madre y con mi hermano pequeño. También ellos lloraron conmigo y nos abrazamos y nos dijimos cosas bonitas los unos a los otros.

Compartimos las cosas que habíamos guardado en secreto por tantos años. Sólo me arrepiento de una cosa – de haber esperado tanto tiempo. Ahí estaba yo, al borde de la muerte y comenzando a abrirme a todas las personas que siempre habían estado tan cerca de mí.

     Entonces, un día me volteé ¡y ahí estaba Dios! No vino a mí cuando yo se lo rogaba. Me imagino que yo me portaba como un entrenador de animales aguantando el aro para que saltaran: ‘¡Vamos, salta! Te doy tres días, tres semanas.’ Aparentemente Dios hace las cosas a Su manera y a Su hora. Pero lo importante es que Él estaba ahí. ¡Me había encontrado! Usted tenía razón, me encontró aún después de que yo dejé de buscarlo.”

- “Tom”, le dije casi sin aliento, “yo creo que estás diciendo algo muy importante y más universal de lo que tú te puedas imaginar. Por lo menos para mí, lo que estás diciendo es que la forma más segura de encontrar a Dios es la de no hacerlo una posesión particular, un solucionador de problemas, un consuelo instantáneo en tiempos de necesidad, sino abrirse al amor. Sabes, el apóstol Juan dijo eso, él dijo: ‘Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.’”

- “Tom, ¿podría pedirte un favor? –pregunté-. Fíjate, cuando te tenía en mi clase eras una verdadera molestia, pero (riendo) ahora puedes compensarme por todo… ¿Vendrías a mi curso de Teología de la Fe y les contarías lo que acabas de contarme? Si yo se lo dijera, no tendría el mismo impacto que si se lo cuentas tú.”

- “Oohh…Yo estaba preparado para usted, pero no sé si estoy preparado para su clase.”

-”Piénsalo, Tom, y si te sientes preparado, llámame.”

Tom me llamó a los pocos días y me dijo que estaba listo para la clase, que él quería hacer eso por Dios y por mí. Así que fijamos la fecha, pero Tom nunca pudo llegar… Él tenía una cita mucho más importante que la mía y mi clase. Por supuesto que su vida no terminó con la muerte, sólo cambió. Él dio el gran salto de la fe a la visión. Él encontró una vida más hermosa que todo lo que ha visto el ojo humano o que el oído humano haya escuchado o que la mente del ser humano jamás se haya imaginado.

Antes de que él muriera, hablamos una última vez.

- “No voy a poder llegar a su clase”, me dijo.

- “Lo sé, Tom.”

- “¿Se lo contará usted por mí? ¿Se lo dirá al mundo entero por mí?”

- “Sí, Tom, lo haré. Se lo contaré. Lo haré lo mejor que pueda...”

Así que a todos vosotros que habéis tenido la bondad de oír esta simple historia sobre el amor de Dios, gracias por escuchar. Y para ti, Tommy, que estás en los brillantes y verdes cerros del Cielo: “Se lo he dicho, Tommy…, lo mejor que he podido”.

     Y yo se lo he compartido a esta buena gente de Itatí y peregrinos de la Virgen. Porque también estoy convencido que aunque alguno no encuentre a Dios en su vida, yo estoy seguro que Dios le encontrará a él.

    Gracias a John Powell, quien escribió este lindo testimonio real y a ustedes que vienen siguiendo mi Blog para que sea AVÍO DEL ALMA para sus vidas.


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jueves, 7 de mayo de 2020

DIOS ES COMO EL AZÚCAR

 



DIOS ES COMO EL AZÚCAR

 


Cierto día, la profesora, queriendo saber si todos habían estudiado la lección solicitada, preguntó a los niños quién sabía explicar quién es Dios.

Uno de los niños levantó el brazo y dijo:

- Dios es nuestro padre. El hizo la tierra, el mar y todo que está en ella; nos hizo como hijos de Él.

 

       

 La profesora, queriendo buscar más respuestas, fue más lejos:

- ¿Como saben que Dios existe, si nunca Lo han visto?

La sala quedó toda en silencio...

Pedro, un niño muy tímido, levantó la mano y dijo:


- Mi madre me dijo que DIOS ES COMO EL AZÚCAR en mi leche que ella prepara todas las mañanas. Yo no veo el azúcar que está dentro de la taza en medio de la leche, pero si ella me lo saca, queda sin sabor. Dios existe, y está siempre en el medio de nosotros, solo que no lo vemos. Pero si Él no está, nuestra vida queda sin sabor.

La profesora sonrió y dijo:

- Muy bien, Pedro, yo les enseñé muchas cosas, pero tú me enseñaste algo más profundo que todo lo que yo ya sabía.

Yo ahora sé que Dios es nuestro azúcar y que ESTÁ TODOS LOS DÍAS ENDULZANDO NUESTRA VIDA.

Le dio un beso y salió sorprendida con la respuesta de aquel niño.

 

La sabiduría no está en el conocimiento, pero sí en la vivencia de DIOS en nuestras vidas, pues teorías existen muchas, pero dulzura como la de DIOS no existe todavía, ni en los mejores azúcares...

 

¡Feliz día y no te olvides de colocar "AZÚCAR" en tu vida! Y como a veces hay días amargos... hay que colocarle doble dosis de azúcar.

miércoles, 29 de abril de 2020

AYER MURIÓ LA PERSONA QUE IMPEDÍA TU CRECIMIENTO



AYER FALLECIÓ LA PERSONA
QUE IMPEDÍA TU CRECIMIENTO

Un día, cuando los empleados llegaron a trabajar, encontraron en la recepción un enorme letrero en el que estaba escrito: "Ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de Usted en esta empresa. Está invitado al velorio en el área de deportes".



Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus compañeros, pero después comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era el que estaba impidiendo el crecimiento de sus compañeros y de la empresa.

La agitación en el área deportiva era tan grande que fue necesario llamar a los de seguridad para organizar la fila en el velorio.

Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación aumentaba: ¿Quién será que estaba impidiendo mi progreso? ¡Qué bueno que el infeliz murió!

Uno a uno, los empleados agitados, se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban en seco. Se quedaban unos segundos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.

Pues bien, en el fondo del ataúd había un espejo..., cada uno se veía a si mismo....


Solo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TU MISMO!

Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida. Tú eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y tú eres la única persona que se puede ayudar a si mismo.

TU VIDA NO CAMBIA CUANDO CAMBIA TU JEFE, CUANDO TU EMPRESA CAMBIA, CUANDO TUS PADRES CAMBIAN, CUANDO TU PAREJA CAMBIA. TU VIDA CAMBIA, CUANDO TÚ CAMBIAS. ERES EL ÚNICO RESPONSABLE DE ELLA."



"Los tristes piensan que el viento gime, los alegres piensan que canta".

"El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tú encaras la vida es lo que hace la diferencia".

       



sábado, 18 de abril de 2020

¿POR QUÉ PEDIR A LA VIRGEN?


¿POR QUÉ PEDIR A LA VIRGEN
EN NUESTRA ORACIÓN?

Una mujer fue al médico y después de algunas preguntas, sobre su historia clínica, el médico que era católico le preguntó:
- ¿Usted es evangélica?
- ¡Sí! - respondió la paciente.
El médico comentó:
- Me agradan los evangélicos, pero tienen un problema: Hablan mucho acerca de Jesús y no hablan de María.
(Silencio).
- Doctor, ¿puedo hacerle una pregunta?

- Por supuesto - dijo el médico.
- Doctor, si algún día yo llegara a su consultorio y su secretaria me dijera que usted no está, pero que su madre me puede atender, ¿cree que me gustaría ser atendida por ella?
- ¡Por supuesto que no! - respondió el médico.- Quien se graduó en Medicina fui yo, no mi madre.
Y la mujer continuó:
- Bueno, doctor. Quien murió en la cruz por mí fue Jesús, no su madre.
Entonces el médico le respondió:
- Pero si usted llegara a la recepción y encontrara a mi madre, y resulta que ya no hay más turno y que además Ud. no tuviera dinero para pagar la consulta, y ella me pidiera que la atendiera... yo con gusto le atendería y hasta le daría gratis los medicamentos que necesitara. ¿Sabe Ud porqué? ...por el simple hecho de ser una petición de mi AMADÍSIMA MADRE. Un "deseo" de mi Madre, es "una orden" para mí. 

La Virgen María no hace milagros, porque no es Dios, pero es Intercesora ante su Hijo y por ello nos alcanza los milagros que, por su intercesión, pedimos a Jesús. Por eso hoy le pedimos a Jesús, por medio de María, su Madre y nuestra Madre e intercesora, para que termine esta horrible Pandemia y nos conceda la salud del alma y del cuerpo. 

Rezamos con fe 3 Avemarías.
TIERNA MADRE DE ITATÍ - Ruega por nosotros.
Y con D. Orione decimos: "Ave María y Adelante."

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miércoles, 15 de abril de 2020

EL HUEVO VACÍO



EL HUEVO VACÍO


Matías, era un niño con capacidades mentales diferentes.  A la edad de 12 años había cursado el 2º grado, y parecía que jamás podría pasar de ahí. Durante las clases estaba distraído y nunca respondía correctamente a las preguntas que se le hacían. La maestra que ya no sabía qué hacer con él, se irritaba y lo trataba duramente.
Harta de la situación un día la maestra citó a sus padres para decirles que Matías debería asistir a una escuela especial, ya que para él era imposible seguir el ritmo de sus compañeros, debido a que por el retraso mental que sufría, era como un niño de cinco años.
La mamá, le explicó, que en la ciudad no había ninguna escuela especial y que además sería terrible sacarlo de aquella escuela, porque Matías se sentía muy feliz de estar allí.
La maestra, se encontraba en un dilema, por un lado quería entender la situación, aunque sabía que el niño no tendría muchas posibilidades de evolucionar y, por otro lado, tenerle en clase, era una carga muy pesada tanto para ella como para los demás chicos.
A pesar de la situación, su conciencia no le permitió tomar otra decisión y aceptó que Matías permaneciera entre sus alumnos, pidiéndole a Dios que le ayudara a tener paciencia.
Se aproximaba la Semana Santa y la maestra les contó la historia de Jesús, como murió y su resurrección.  A continuación les entregó a todos los niños un huevo de plástico y les dijo: «Quiero que se lleven este huevo a su casa, y que mañana lo traigan con algo en su interior que represente la Semana Santa de la que acabamos de hablar».
Al día siguiente, cada alumno colocó el huevo en una canasta que estaba sobre el escritorio. Cuando la maestra comenzó a abrirlos, encontró en ellos las más variadas expresiones que daban señal de una nueva vida, flores, mariposas… Cuando abrió el que correspondía a Matías ¡El huevo estaba vacío!, pero como no quería que se sintiera mal, disimuladamente puso el huevo a un lado y tomó otro.
De pronto, el niño totalmente exaltado, exclamó: -Seño, ¿es que no va a decir nada de mi trabajo? La maestra pacientemente contestó: - “Matías, creo que no entendiste el trabajo que te pedí, el huevo está vacío”.

Mirándole a los ojos le dijo: - “Sí, claro que está vacío, como también está vacía la tumba de Jesús. Porque Jesús resucitó y creo que esto es lo más importante de la Semana Santa”.

«Jesús dejó la tumba porque Su mayor deseo es habitar en tu corazón, solo tienes que permitírselo. Tuya es la decisión»

Esta y otras reflexiones puedes encontrarlas en:

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lunes, 6 de abril de 2020

EL CRISTO DEL OCÉANO


EL CRISTO DEL OCÉANO

Si quieres ver la película sin leer la trama, vete al final. 

Título original: El Cristo del océano
Año: 1971
País: España, Italia, México
Duración: 87 min.
Género: Drama
Categoría: Simbología cristiana
Calificación moral: TP
Director: Ramón Fernández
Guión: Federico De Urrutia, Keith Luger, Luciano Martino, Alfredo Mañas
Música: Bruno Nicolai
Fotografía: Giovanni Bergamini
Reparto: Nino del Arco, Paolo Gozlino, Pilar Velázquez, Leonard Mann, José Suárez, María Elena Arpón

Pedrito es un niño huérfano, cuya infancia ha transcurrido bajo la tutela de Juan Aguirre, un rudo y campechano pescador. Éste se encargó de él, después de que el chico perdiera a su padre en un naufragio y su madre tuviese que ser internada, al quedar trastornada por la dramática pérdida de su esposo.

Pero las aguas también se llevarán para siempre a Juan, durante un terrible temporal, dejando otra vez desamparado a Pedrito. 

Sumido en una profunda desesperación, el pequeño se refugiará en una cueva cerca de la playa, con el anhelo de ver regresar a su amigo.
Paradójicamente, será el mar el que empiece a devolverle la esperanza perdida, llevando hasta la orilla a un Cristo sin cruz. Casi a la vez, conocerá a un misterioso joven llamado Manuel, con el que entablará una profunda amistad.
La película adapta un cuento del escritor francés Anatole France, sobre un muchacho enfrentado a un trágico devenir. La historia nos sitúa en un pueblo, en el que sus vecinos subsisten lidiando cada día con la dura vida del mar. En la representación de las costumbres de su comunidad rural, atesoran una singular relevancia la maestra y el párroco. Este último intentará convencer a Pedrito para que acceda al traslado de la imagen encontrada hasta la iglesia local, en vez de mantenerla en la cueva junto a él, para mitigar su soledad. Sin embargo, el jovencito será el único capaz de ver al enigmático Manuel, cuyo nombre procede de Emmanuel, la denominación profética de Jesucristo. Su personaje simboliza la figura del Maestro y, como era habitual en aquella época, es plasmado de una forma acentuadamente solemne, aunque a la vez afable y cercana.
La fe de los niños, por la que Pedrito actúa libre del escepticismo de los adultos, es un tema primordial en importantes títulos religiosos como Ordet (La palabra) y Marcelino, pan y vino. Con la cinta de Ladislao Vajda guarda sustanciales similitudes, pues ambas nos hablan sobre huérfanos que encuentran consuelo en un crucificado. No es de extrañar que en lugares donde está tan enraizada la religiosidad popular, como en España y otros países de Latinoamérica, los dos largometrajes calasen entre el público.
Muy en consonancia con el Evangelio, el relato nos muestra a un Cristo muy próximo a los más desfavorecidos, encarnados aquí por el apenado protagonista y por los afanados pescadores de su aldea. Por otra parte, tienen un especial peso en el film, las bellas localizaciones asturianas de Cudillero y Luarca, en las que se efectuó el rodaje de este irregular drama, que no explota todas las posibilidades de la obra de Anatole France, pero que resulta indiscutiblemente entretenido y entrañable.    
Comentario de: Alberto Mateos.
PROPUESTA PARA TRABAJAR LA PELÍCULA 
EN GRUPO O EN FAMILIA.
Para quienes lo deseen, les propongo un trabajo de cineforun en familia.

Les hago algunas propuestas:

- Ver la película en familia. Y si les gusta, volverla a ver.
- Constatar que todos han entendido el argumento, la historia de la película,
- Compartir cada uno las emociones (alegría, tristeza, ansiedad, enojo, sorpresa, paz,,,) que la película nos ha ido suscitando en los distintos momentos. Importante que todos se puedan expresar, sin prisa y respetándonos.
- Señalar qué valores descubrimos en la película, y en qué momento de la película, en qué escenas, descubrimos cada uno de esos valores.
- Por último, compartir qué enseñanzas saca cada uno de la película. La vemos para aprender, no solo para pasar el tiempo, y es importante que podamos compartir qué ha aprendido cada uno para su vida.

Aquí la Peli.



La curiosidad me ha llevado a buscar casi 50 años después de ver la película por primera vez, y haberla visto más de un centenar de veces, el cuento en el que se inspirara Anatole France. Me ha encantado leerlo y te lo comparto. (P. Feli)


El Cristo del océano

[Cuento - Texto completo.]
Anatole France



Aquel año, muchos de los habitantes de Saint-Valery que habían salido a pescar, murieron ahogados en el mar. Se hallaron sus cuerpos arrojados por las olas a la playa junto a los despojos de sus barcas y, durante nueve días, por la ruta empinada que conduce a la iglesia, se vieron pasar los ataúdes transportados por los suyos y seguidos por las viudas llorosas, cubiertas con manto negro, como las mujeres de la Biblia. El patrón Jean Lenoël y su hijo Désiré fueron así colocados en la nave central, bajo la bóveda en la que ellos mismos habían colgado tiempo atrás, como ofrenda a Nuestra Señora, un barco con todos sus aparejos. Eran hombres justos y que temían a Dios. Y el señor Guillaume Truphème, párroco de Saint-Valery, después de haberles dado la absolución, dijo con una voz regada por las lágrimas:
-Jamás fueron sepultados en tierra sagrada, para esperar ahí el juicio de Dios, personas más honestas y mejores cristianos que Jean Lenoël y su hijo Désiré.
Y mientras las barcas con sus patrones perecían cerca de la costa, los grandes navíos naufragaban en alta mar, y no había día que el océano no devolviera algún despojo. Y sucedió que una mañana, unos chicos que trasladaban una barca vieron una figura flotando sobre el mar. Era la de Jesucristo, a tamaño natural, esculpida en madera resistente y si barnizar, que parecía una obra antigua. El buen Dios flotaba sobre el agua con los brazos extendidos. Los chicos lo sacaron a la orilla y lo llevaron a Saint-Valery. Tenía la frente ceñida por una corona de espinas; sus pies y sus manos estaban taladrados. Pero faltaban los clavos lo mismo que la cruz. Con los brazos aún abiertos para ofrecerse y bendecir, aparecía tal como lo habían visto José de Aritmatea y las santas mujeres en el momento de darle sepultura. Los chicos se lo entregaron al párroco Truphème que les dijo:
-Esta imagen del Salvador es una escultura antigua y el que la hizo debe estar muerto desde hace mucho tiempo. Aunque los vendedores de Amiens y de París venden en la actualidad por cien francos e incluso más, estatuas admirables, hay que reconocer que los artistas de antaño tenían también su mérito. Pero a mí me alegra sobre todo la idea de que si Jesucristo ha venido así, con los brazos abiertos a Saint-Valery, es para bendecir su parroquia tan cruelmente golpeada y para anunciar que Él tiene piedad de las pobres personas que van a la pesca poniendo en peligro sus vidas. Es el Dios que caminaba sobre los aguas y bendecía las redes de Cefas.
Y, tras haber hecho que colocaran al Cristo en la iglesia, sobre el mantel del altar mayor, el párroco Truphème se marchó para encargarle al carpintero Lemerre una bella cruz en madera de roble. Cuando estuvo hecha, clavaron en ella al buen Dios con clavos nuevos y la irguieron en la nave, por encima del poyo de mampostería. Fue entonces cuando vieron que sus ojos estaban llenos de misericordia y como húmedos de una piedad celestial. Uno de los mayordomos de la parroquia, que asistía a la colocación del crucifijo, creyó ver que las lágrimas corrían por el divino rostro. A la mañana siguiente, cuando el señor párroco entró en la iglesia con el monaguillo para celebrar misa, se sorprendió mucho al ver la cruz vacía encima del poyo y el Cristo tendido sobre el altar. Tan pronto como terminó la celebración del santo sacrificio, mandó llamar al carpintero y le preguntó por qué había desclavado el Cristo de su cruz. Pero el carpintero respondió que él no lo había tocado en absoluto; y, después de haber interrogado al pertiguero y a los fabriqueros, el párroco Truphème se aseguró de que nadie había entrado en la iglesia desde el momento en el que el buen Dios había sido colocado por encima del poyo.
Tuvo entonces la sensación de que aquellas cosas eran milagrosas y las meditó prudentemente. El domingo siguiente, habló de ello a los fieles de la parroquia y les invitó a contribuir con sus donaciones para erigir una nueva cruz más bella que la primera y más digna de llevar a Aquel que redimió al mundo. Los humildes pescadores de Saint-Valery dieron tanto dinero como pudieron, y las viudas ofrecieron sus alianzas. Por lo que el párroco pudo ir de inmediato a Abbeville para encargar una cruz de madera negra, muy brillante, coronada por un letrero con la inscripción «I.N.R.I» en letras doradas. Dos meses más tarde, la colocaron en el lugar de la primera y clavaron en ella el Cristo entre la lanza y la esponja. Pero Jesús la abandonó como a la otra, y durante la noche fue a tenderse sobre el altar.
Cuando, a la mañana siguiente, el señor párroco la encontró allí, cayó de rodillas y oró durante mucho rato. El rumor de aquel milagro se difundió por todos los alrededores, y las señoras de Amiens hicieron colectas para el Cristo de Saint-Valery. Y el padre Truphème recibió de París dinero y joyas, y la esposa del ministro de Marina, la señora Hyde de Neuville, le envió un corazón de diamantes. Disponiendo de todas aquellas riquezas, un orfebre de la calle Saint-Sulpice hizo, en dos años, una cruz de oro y pedrerías que fue inaugurada con gran solemnidad en la iglesia de Saint-Valery, el segundo domingo después de Pascua del año 18… Pero Aquel que no había rechazado la cruz dolorosa, se escapó de esta cruz tan rica y fue a tenderse de nuevo sobre el lino blanco del altar. Por temor a ofenderlo, esta vez lo dejaron allí, y allí descansaba desde hacía más de dos años, cuando Pierre, el hijo de Pierre Caillou, fue a decirle al párroco Truphème que había encontrado en la playa la auténtica cruz de Nuestro Señor.
Pierre era un chico retrasado, y como no tenía suficiente inteligencia para ganarse la vida, le daban pan por caridad; era apreciado por todos porque no hacía daño a nadie. Pero tenía una conversación sin mucha lógica, que nadie escuchaba. Sin embargo, el padre Truphème, que no dejaba de meditar en el misterio del Cristo del océano, se impresionó por lo que el pobre insensato acababa de decir. Fue con el pertiguero y dos fabriqueros al lugar en el que el chico decía haber visto una cruz y encontró dos planchas con clavos, que el mar había golpeado de acá para allá mucho tiempo y que verdaderamente, formaban una cruz.
Eran restos de un antiguo naufragio. Se veían aún sobre una de aquellas planchas dos letras pintadas en negro, una J y una L, y nadie podía dudar de que no fuera un trozo de la barca de Jean Lenoël, que cinco años antes había perecido en el mar, junto a su hijo Désiré. Al ver las planchas el pertiguero y los fabriqueros comenzaron a reírse del inocente que tomaba los tablones rotos de un barco por la cruz de Jesucristo. Pero el párroco interrumpió sus burlas. Había meditado mucho, había orado mucho desde que el Cristo del océano había llegado junto a los pescadores, y empezaba a comprender el misterio de la caridad infinita. Se arrodilló sobre la arena de la playa, recitó la oración por los fieles difuntos, y luego ordenó al pertiguero y a los fabriqueros que llevaran sobre sus hombros aquel despojo y lo depositaran en la iglesia. Cuando estuvo hecho, levantó el Cristo de encima del altar, lo colocó sobre los tablones de la barca e incluso él mismo lo clavó en ellos, con los clavos que el mar había corroído.
Por orden suya, aquella cruz ocupó a partir del día siguiente el lugar que ocupaba la cruz de oro y pedrerías, por encima del poyo. El Cristo del océano no se desclavó nunca más. Quiso permanecer sobre aquella madera en la que unos hombres habían muerto invocando su nombre y el de su Madre. Y allí, entreabriendo su boca augusta y dolorosa, parece decir: «Mi cruz está hecha de todos los sufrimientos de los hombres, pues yo soy realmente el Dios de los pobres y de los desdichados».
FIN

Traducción de Esperanza Cobos Castro

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sábado, 4 de abril de 2020

CUANDO LAS PUERTAS SE ABRAN



CUANDO LAS PUERTAS SE ABRAN...
¿HABREMOS APRENDIDO?

Cuando las puertas se abran,
¿habremos aprendido…

a buscar el abrazo,
a agradecer por el amigo,
a compartir el café,
el beso y el sentido
de la hermosa compañía
de aquel que está conmigo?

Cuando las puertas se abran,
¿habremos aprendido...
a dejar la pantalla,
de imágenes sin sentido,
y ver el rostro alegre
del que conversa conmigo,
de aquel que es ignorado,
por estar sumergido,
en virtuales compañías
que de nada han servido?

Cuando las puertas se abran,
¿habremos aprendido...
que la maestra gana poco,
por explicar las tareas,
por comprender a mi niño;
de cuán importante son los valores
que él se lleva consigo,
en la pesada mochila;
de la poca atención que le brindo?

Cuando las puertas se abran,
¿habremos aprendido...
que el médico es un héroe
de bata y barbijo,
que entrega su vida
para salvar como un Cristo;
que aceptó este trago amargo,
entre salas y pasillos,
sin poder ver a los suyos,
porque vos y yo estemos vivos?

Cuanto las puertas se abran,
¿habremos aprendido...
que la misa es dispensario
del Pan, de Jesús vivo;
que lo dejamos de lado
por el fútbol del domingo,
por la plaza, los encuentros,
por el pariente que vino,
porque mañana ya es lunes
por el agitado ritmo que vivo?
Y hoy lo busco...
y me arrodillo ante la pantallita,
Y es irónico, te digo.
Cuando las puertas se abran...
espero, mi amigo,
que la lección de la vida
la hayamos aprendido.
Que la conciencia de todos,
es la llave del futuro,
y si crees, del destino.
Hoy, hoy quédate en tu casa,
Abrazalos a tus hijos...
por aquellos que no pueden,
y por los que fueron vencidos.
Hoy quédate en tu casa;
y pedile a Dios conmigo,
que cuando las puertas se abran,
algo hayamos aprendido.

Ruben Vega,
2° Año de la EScuela San Esteban,
Buenos Aires.