AVÍO DEL ALMA

jueves, 10 de diciembre de 2015

PETICIÓN DE JAIMITO

LA PETICIÓN DE JAIMITO 
POR NAVIDAD.

Se acercaba la Navidad y Jaimito escribió, como cada año, su carta a Jesús, aunque este año tenía una petición muy especial:

“Querido niño Jesús:


Este año me he portado muy bien, he sido muy obediente y he estudiado mucho, por eso quiero pedirte que me traigas una bicicleta nueva. 
Atentamente:
          Jaimito.”

Pero al colocar la carta junto al pesebre, se dio cuenta que la figura de la Virgen María lo miraba fijamente. Jaimito se sintió incómodo, y algo empezó a removerse en su conciencia, rompió la carta y escribió otra nueva.   

“Querido niño Jesús:
Este año me he portado más o menos bien, a veces he obedecido, aunque no he estudiado demasiado, pero por favor tráeme una bicicleta nueva, que la mía ya no da más.
 Cordialmente:    Jaimito.”   



Cuando se disponía a colocar la carta junto al pesebre, sintió de nuevo la mirada de la Virgen María que lo observaba fijamente. Nervioso, Jaimito sintió en su interior que eso no era cierto. Volvió a romper la carta y se dispuso a escribir otra carta nueva.

“Niño Jesús:


No me he portado muy bien este año, no he sido obediente y los estudios me fueron fatal, tanto que no he aprobado ninguna asignatura, ni Educación Física. Pero como tú eres bueno, y siempre tienes misericordia, a ver si lo demuestras y me traes una bicicleta. Yo te prometo que a partir de ahora me portaré bien.
 Sin más:    Jaimito.
Fue de nuevo al pesebre para dejar la carta, pensando que esta vez si que había sido sincero y que por lo tanto no habría problemas, pero se equivocó. La Virgen María seguía mirándole muy seriamente.

Harto de esta situación, rompió el sobre por tercera vez, tomó la imagen de la Virgen, la metió en una bolsa de plástico, la ató bien para que no se escapara, fue al placar, metió la imagen entre su ropa, cerro el placar con llave y escondió la llave.

A continuación Jaimito, con una expresión "extraña" en su rostro, escribió una nueva y definitiva carta:


“Jesús:
Tengo a tu madre secuestrada. Si quieres volver a verla, deja una bici al lado del pesebre. Por cierto no lo comentes con nadie, en especial con la policía.
Jaimito.” 



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Nos reímos porque es un cuento, pero es el fiel reflejo de lo que nosotros hacemos con Jesús. ¿Cuántas veces actuamos así con Dios?

Primero le pedimos poniendo como garantía a nuestra petición todos nuestros logros y buenas obras.

Si no funciona, apelamos a su amor y misericordia, con el único fin de que el chantaje emocional surta efecto y conseguir así lo que nos interesa.

Cuando comprobamos que Dios no se deja manipular, acabamos confesando nuestra realidad, pero no con arrepentimiento o ganas de cambiar nuestra conducta, sino simplemente como fórmula que creemos puede ablandar Su corazón.

Al final hartos de esperar su respuesta, actuamos a la desesperada y somos capaces de cualquier cosa para presionarlo.

Recurrimos al chantaje y le damos a Dios un ultimátum: “Si no me das lo que te pido, si no consigo tal cosa, si no encuentro el trabajo que busco, si no se cura tal persona de tal enfermedad… no voy más a Misa, no me confieso, no rezo más ni piso una Iglesia, y… si es preciso me cambio de religión”.

Así funcionamos, así somos, así nos comportamos. Tenemos más de “Jaimitos” y “Jaimitas” de lo que pensamos, y nos encanta “hacer Jaimitadas” pensando que así vamos a manipular a Dios.

Seamos sensatos… Dios no admite chantajes.

Así no funciona; ya lo dice la Palabra de Dios: “Pedís y no recibís, porque pedís mal. . .”


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